19/04/2021

Cuanto más hambre tengo, más amo la revolución – Francotiradora de la Milicia Bolivariana

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Mi conciencia no vale un kilo de harina. Cuanto más hambre tengo, más amo la revolución. Eso no es ser masoquista, es que no puedes perder en esta batalla”. Ismaira Figueroa, francotiradora de la Milicia bolivariana

Caracas (AFP)

Vestida de camuflaje y con el rostro cubierto de barro, Ismaira Figueroa mantiene su posición en una colina, rifle en mano, mientras participa en ejercicios militares que simulan una invasión.

“Siento que nací para hacer esto y si tuviera que morir por esto … estoy lista”, dice la francotirador de 43 años de la “Milicia”, una milicia civil adscrita a las fuerzas armadas.

“Morir por mi país, por mis hijos, por mi madre, por mis hermanos … Estoy dispuesta a dar mi vida”, agrega.

Figueroa dice que está lista para defender a Venezuela y al bolivariano del presidente Nicolás Maduro de cualquier “ejército invasor”.

Es madre soltera de cuatro, incluida una niña de tres años.

Cuando no usa uniforme militar, Figueroa es maquilladora y estilista. También hace trabajo social en su comunidad, es ciclista y teje en su tiempo libre.

En su casa del barrio Palomera de Caracas, Figueroa tiene una foto del fallecido exlíder Hugo Chávez, a quien ve como un dios.

En 1994, a los 16 años, intentó sin éxito verlo salir de la cárcel y una vez se subió a un árbol para intentar “tocarle el dedo”.

Cuando Chávez llegó al poder en 1999, comenzó a implementar políticas sociales que resultaron muy populares entre gran parte de la población, aunque sus detractores lo acusaron de autoritarismo.

Figueroa fue una de las personas que salieron a las calles en 2002 para “salvar” a Chávez mientras se desarrollaba un golpe de Estado para sacarlo del poder. Duró solo dos días.

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Fue por Chávez que Figueroa se unió a la Milicia que creó en 2009 y describió como “gente en armas”.

“No somos un pequeño enemigo”, dijo Figueroa, un sargento segundo. “La Milicia es vendedora de verduras, paseadora de perros … maestra, taxista, enfermera”.

Maduro afirma que hay cuatro millones de miembros de la milicia de una población de 30 millones.

– ‘A los hombres no les gusta alguien en su zona’ –

Figueroa nunca había pensado en convertirse en francotirador cuando se unió a la Milicia en 2010, pero el comandante de su unidad la convenció de que lo intentara.

“Es un mundo que es mayoritariamente masculino”, dijo. “A los hombres no les gusta mucho cuando alguien está en su zona. Cuando eres un francotirador que dispara mejor … despierta cierto celo”.

Guarda una carpeta con sus diplomas, incluida una hoja de papel con seis agujeros que confirmó su graduación como “tiradora experta” en 2016.

Se llama “mosca” porque desde la distancia, los seis agujeros parecen ser un solo punto negro.

“Antes de apretar el gatillo … vacías tu mente y solo te concentras en tu respiración”, dijo Figueroa.

“Te relajas de nuevo y dejas que el disparo te sorprenda”.

Figueroa dice que solo ha disparado su arma en la práctica.

“Nunca he matado a nadie”, dijo, aunque insiste en que está preparada para hacerlo.

Maduro ha acusado tanto a Estados Unidos como a la vecina Colombia, sus principales detractores internacionales, de planear su asesinato.

En mayo de 2020, las autoridades venezolanas frustraron un intento de invasión por mar de mercenarios que dejó ocho muertos y 66 personas capturadas, incluidos dos militares estadounidenses retirados.

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– ‘No soy masoquista’ –

Antes de incorporarse a la milicia, Figueroa era integrante de los Círculos Bolivarianos, organizaciones políticas y de trabajadores sociales creadas por Chávez, que fueron acusadas de violencia contra opositores al régimen, algo que ella niega.

Paseando por la Plaza Bolívar en el barrio Baruta de Caracas, Figueroa saluda a vecinos, policías y motociclistas.

Ella dice que se lleva por igual con los partidarios de Maduro y sus oponentes, aunque afirma que alguna vez fue despedida por su apoyo a Chávez.

Y está tan comprometida como siempre con la “revolución bolivariana” de Chávez.

Ella planea seguir progresando dentro de la Milicia, donde gana solo $ 4 al mes, alrededor de cuatro veces el salario mínimo.

Ella culpa a los bajos salarios de la crisis económica de Venezuela y las sanciones internacionales impuestas contra Venezuela incluido un embargo petrolero.

“Mi conciencia no vale un kilo de harina. Cuanto más hambre tengo, más amo la revolución. Eso no es ser masoquista, es que no puedes cejar en esta batalla”. Ismaira Figueroa, francotiradora de la Milicia bolivariana,