07/03/2021

América para los Americanos“ ¿ te dice algo?

América para los Americanos“ ¿ te dice algo?

Haz una donación a Anon Candanga

Anon Candanga necesita su apoyo para seguir ofreciendo periodismo militar de calidad, para mantener nuestra apertura y proteger nuestra preciosa independencia. Cada contribución del lector, grande o pequeña, es muy valiosa. Apoya a Anon Candanga desde tan solo 1 €, y solo lleva un minuto. Gracias.

En febrero de 2018, el entonces secretario de Estado, Rex Tillerson, aseguró que la Doctrina “es tan relevante hoy como el día en que fue escrita”.
[fvplayer id=”131″]

Bajo la consigna de “América para los americanos”, la Doctrina Monroe, formulada por los Estados Unidos (EE.UU.) casi doscientos años atrás, aún posee vigencia y se expresa con frecuencia en acciones injerencistas sobre América Latina.

En 1823, bajo el presupuesto de una posible intervención europea en las jóvenes repúblicas latinoamericanas se formuló el dogma que durante la presidencia de Theodore Roosevelt (siglo XX), que ratificó que el país norteamericano cumpliría el rol de “policía de la región”, uno de los principios que sustentan sus ambiciones imperialistas.

El llamado “Corolario Roosevelt”, anunciado el 6 de diciembre de 1904, daba al Gobierno estadounidense la potestad de intervenir en Latinoamérica y el Caribe en caso de percibir que la situación en un país podía deteriorarse hasta causar disputas con potencias extracontinentales, especialmente europeas.

“Todo lo que este país desea es ver a sus vecinos estables, organizados y prósperos […] pero los comportamientos incorrectos crónicos […] requieren la intervención de alguna nación civilizada, y en el Hemisferio Occidental el apego de Estados Unidos a la Doctrina Monroe nos obliga […] a ejercer un poder internacional policial”, expresó el entonces presidente.

A partir de entonces, sería invocado en repetidas ocasiones cuando los derechos o propiedades estadounidenses “podían estar en peligro” en cualquier país latinoamericano o del Caribe. La intervención militar en los asuntos internos de la nación “perturbada”, con el presunto objetivo de restablecer el orden y la seguridad de los derechos y el patrimonio de ciudadanos y empresas, sería una acción común.

Solo en las primeras décadas del siglo pasado, República Dominicana (1904 y 1916), Cuba (1906), Nicaragua (1909, 1912 y 1926) y Haití (1915) resultaron víctimas de esta práctica.

Con el paso de los años, EE.UU. modificó su táctica y de las intervenciones armadas pasó a los golpes de Estado, con los cuales aseguraba la instauración de gobiernos afines a su política en la región, sin que su rol en estos procesos quedara manifiesto.

Golpes de Estado como los dados en Cuba (1952), Guatemala (1954), Brasil (1964), Chile (1973), Argentina (1976), Granada (1983), Panamá (1989) e incluso el apoyo al intento fallido contra Hugo Chávez en Venezuela (2002), la deposición del entonces presidente haitiano Jean-Bertrand Aristide (2004) y el derrocamiento a Manuel Zelaya en Honduras (2009), por solo mencionar algunos, llevan el sello de las intenciones estadounidenses en la región.

En la última década el área no ha perdido importancia estratégica para Washington y sus intereses hegemónicos. Tan recientemente como en febrero de 2018, el entonces secretario de Estado, Rex Tillerson, aseguró que la Doctrina “es tan relevante hoy como el día en que fue escrita”.

Tillerson dijo entonces sobre el creciente protagonismo de China en la región que “América Latina no necesita un nuevo poder imperial que sólo busque beneficiar a su propia gente”.

La forma de interpretarlo varía, pero el dogma sigue vigente en la política estadounidense, la Doctrina Monroe seguirá promoviendo una América para los (norte)americanos, y luchará por mantener fuera de la región a potencias extracontinentales, no ya ante el temor de una presunta invasión, sino con la meta de debilitar los lazos de cooperación y comercio y continuar monopolizando el área que siempre han considerado su traspatio.